La Luna se manifiesta en un movimiento siempre cambiante, aunque también representa algo inmutable en su naturaleza, dado por la repetición de sus ciclos. El ciclo lunar recibía el nombre de la Gran Ronda, reflejando así su conexión con el destino y con lo que siempre retorna, en una interminable repetición. Todas las cosas que son mortales tienen su ciclo, que tiene su eje en lo universal, aquello que nos atraviesa como seres vivientes. Desde el paisaje lunar, la muerte es el término inevitable del ciclo.

La Luna rige el ámbito orgánico del cuerpo y de las pulsiones, por esto estas deidades son generalmente femeninas, porque del cuerpo femenino nacemos todos, de él recibimos nuestro primer alimento.

Dentro de las imágenes míticas que representa la deidad Lunar , en relación a las fases de la Luna, la Luna nueva la traicionera, la Negra asociada con la muerte, la gestación, la hechicería, y con la diosa griega Hécate que presidía los nacimientos y la magia negra. Después de su oscurecimiento, aparece la Luna creciente, delicada, virginal y prometedora, con su apariencia de estar preparada para dejarse fecundar por algo. Tiene la forma de un tazón abierto a aquello que pueda penetrarlo desde afuera. La Luna creciente se vincula con la Diosa virgen Perséfone que fue secuestrada por Hades. También se dice que es el emblema de Artemisa, la diosa virgen cazadora y guerrera. La Luna llena, en contraste, tiene cierto aire de embarazada, es redonda, jugosa, lozana y madura, y podría dar a luz en cualquier momento. Es la Luna en su máximo poder, la cúspide del ciclo lunar, y estaba asociada a Deméter, la diosa de la fertilidad, la madre de todas las cosas vivientes. Después la Luna comienza a menguar, adelgazando y oscureciéndose, hasta que de pronto deja de estar ahí. Hécate, la vieja bruja recupera una vez más el poder, oculta en el mundo subterráneo, urde sus hechizos.

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El Sol y la Luna, también son llamados en astrología temprana como los Luminares, las Luces. Son auténticos instructores que reflejan aquello que podemos desarrollar en la vida desde una perspectiva simbólica.

 
 
Luna Santa, analog collage on Barcelona Metro's map, 42 x 26 cm, 2021
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La tríada de deidades lunares, que siempre ha estado asociada con la Luna, refleja una experiencia humana arquetípica, proyectada sobre la Luna física en el cielo. Una dimensión importante de esta experiencia es el cuerpo, que refleja en su propio desarrollo cíclico y la mortalidad las fases de la Luna. Las deidades lunares presidían el ciclo de la vegetación.

Es el cuerpo el dominio de la Luna, lo que nos mantiene en contacto con la vida en el momento, ya sea que nos enfrentemos con la cara luminosa de la experiencia o con la oscura. Sin una expresión suficiente de la Luna, no sólo el cuerpo se resiente, sino también la capacidad de experimentar la vida en el presente.

Gea (GAIA) es el principio femenino original con quien se aparea con Urano, el dios del cielo, dando lugar a la creación del cosmos.

 La diosa de la tierra o la tierra madre es una imagen del principio de animación de la naturaleza, de la fuerza vital inteligente y determinada que late en el centro del universo material, asociada desde tiempos remotos con la Luna. No sólo encarna el mundo de la naturaleza como forma unificada de la vida, sino también el cuerpo humano, que es nuestra experiencia primaria y directa de ella.

En lenguaje mítico, la sustancia real de los tejidos del cuerpo es la tierra, pero el símbolo del principio vital inteligente que opera dentro de esos tejidos es la Luna.

La tierra madre, GAIA es una imagen del poder de la naturaleza de mantenerse y perpetuarse a sí misma.

El Sol por el contrario representa lo eterno, aquello que se es, se despliega y desarrolla a lo largo de la vida. Así como nuestra historia personal se inicia con la salida del niño de las aguas uterinas, también la historia del universo comienza con el Dios o el héroe solar que emerge triunfante del cuerpo de la gran Madre primaria. El Sol es el luminar que representa el mito del héroe, dispuesto a la luchar la batalla de la emancipación del yo.

El instructor solar recorre el camino de diferenciación y separación del mundo de la madre lunar. Sin embargo como humanidades quizás hayamos ido demasiado lejos, y presos del resplandor solar nos hemos disociado de la naturaleza y llevado a nuestro planeta al abismo ecológico.

El Sol y la Luna simbolizan dos procesos psicológicos básicos, pero muy diferentes que actúan dentro de todos nosotros. La luz lunar que nos seduce para hacernos volver a una fusión regresiva con la madre y a la seguridad. Es también la luz que nos enseña a relacionarnos, a cuidar de nosotros mismos y de los demás, a pertenecer, a sentir compasión.  La luz solar que nos conduce a la ansiedad, el peligro y la soledad, es también la luz que nos instruye sobre nuestra divinidad oculta. Encontrar un equilibrio viable entre estas dos luces, es trabajo de toda una vida.

Figuras mitológicas en relación a la Luna: las leonas como bestias lunares, los lobos que salen cuando hay luna llena y de él se dice que destruye sólo a los seres que ama. Al hombre lobo sólo se lo puede destruir con un arma de plata, metal tradicional de la Luna, sólo la naturaleza puede domesticar a la naturaleza.

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por Virginia Brennan

 

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